- De los tiempos de Antón El Viejo, que se paseaba por la calle con un cachorro de león, a la actualidad han pasado 30 años en los que el narco se ha hecho fuerte. Quienes se oponen en primera línea creen que la muerte de dos agentes puede ser un revulsivo contra el narcotráfico

Arrollados por una narcolancha en el puerto de Barbate, mientras media Andalucía veía por televisión la final del concurso de carnaval de Cádiz, la muerte de dos guardias civiles puede convertirse en un revulsivo contra el narcotráfico para una población castigada por la reconversión pesquera, por el paro y por la heroína, desde antiguo.
A mediodía de este sábado, la concentración de pesar convocada por el Ayuntamiento en la Plaza de la Inmaculada se convirtió en un gentío de protesta por una realidad que sociólogos, criminólogos y periodistas han intentado explicar a lo largo de las últimas cuatro décadas. Buena parte de la población se vio sacudida por el terrible final de Miguel Ángel, de 39 años, del Grupo de Especialistas de Actividades Subacuáticas (GEAS) y David, de 43 años, del Grupo de Acción Rápida (GAR). Pero, sobre todo, por los vídeos que se difundieron poco después del suceso y en donde se oía como algunos jóvenes barbateños jaleaban a la narcolancha que embistió a la de los guardias civiles: “A por Piolín, a por Piolín”, exclamaban.
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